Un 8 de Marzo más, desgraciadamente, no podemos dejar de denunciar la forma más extrema de violencia contra las mujeres: los asesinatos machistas. Este terror no disminuye y las cifras son escalofriantes, ya que desde el día 1 de enero al 21 de febrero, diez mujeres han sido asesinadas, dos menores fruto de la violencia vicaria y, muy probablemente, cuando este artículo vea la luz ese número de asesinatos habrá aumentado.
Debe ser un clamor y una reivindicación el hecho de que las medidas adoptadas no son suficientes para solucionar esta situación y la necesidad de cambios. El feminismo puede y debe presionar en esta agenda política porque la situación es desgarradora.
En diferentes artículos, expertas y expertos en el asunto refieren determinadas cuestiones que están fallando a la hora de extirpar esta lacra. Por un lado, se apunta al Sistema VioGén, en el sentido de que si no hay denuncia, no se registra el caso; y también otra cuestión relativa a este sistema, es el hecho de que diferentes auditorías no han podido acceder al código del algoritmo que calcula el riesgo que sufre una mujer, impidiendopoder conocerse con precisión cómo toma las decisiones.
En cuanto a las causas de las diferentes violencias que la sociedad ejerce sobre las mujeres, la situación de desigualdad sigue siendo un motivo fundamental y, más concretamente, la divergencia económica entre géneros. Para la profesora Elena Larrauri, combatir la desigualdad económica» es combatir la posibilidad de que toda mujer se encuentre en situación de tener que soportar una situación de malos tratos». Pero veamos algunas cifras para ser conscientes de esta realidad y la lentitud de los cambios que se deben producir.
En la Encuesta de Población Activa del INE de 2024, en el motivo de la inactividad laboral por sexos, en el epígrafe referido al “cuidado de hijos/as o familiares” era del 15% en las mujeres; en cambio, en los hombres era solo del 3,5%. En esa misma encuesta en el apartado referido a los motivos para trabajar a jornada parcial, en el epígrafe “cuidado de niños/as, mayores o personas dependientes, las mujeres somos el 94%; y en el de “otras obligaciones familiares o personales” es del 79% en el sexo femenino. Como podemos ver, el peso de los cuidados y responsabilidades familiares sigue recayendo sobre nosotras. Los cambios son muy, muy lentos como podemos comprobar.
Otros datos que nos arrojan diferentes estudios acerca de los avances que requiere la sociedad para conseguir una situación de equidad entre géneros no es nada halagüeña. Por ejemplo, el Barómetro de Juventud y Génerode 2025 ha arrojado unas cifras poco esperanzadoras:el sentimiento feminista juvenil ha experimentado un descenso de casi 12 puntos. Mientras que en 2021 se situaba en el 49,9% de la juventud, en 2025 ha descendido hasta el 38,4%. Y si seguimos con las malas noticias, no podemos obviar la decisión reciente de la Unión Europea de negarse a crear un fondo presupuestario para garantizar el aborto en todo el bloque europeo; teniendo en cuenta la situación en países como Polonia o Hungría y el avance de la ultraderecha, este anuncio es gravísimo y regresivo.
En definitiva, podemos constatar que los avances son muy lentos y que los peligros para el Movimiento Feminista (y, por lo tanto, para todas las mujeres) aumentan muy rápidamente.






