El líder del PP se desmarca ahora de los ataques de EE. UU. e Israel mientras endurece su discurso contra la regularización de migrantes.
El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, ha tardado casi tres semanas desde el inicio de los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Irán en marcar distancias de forma clara. Su posicionamiento, anunciado en Bruselas tras reunirse con dirigentes conservadores europeos, llega después de un respaldo inicial a la ofensiva impulsada por Donald Trump y Benjamin Netanyahu, lo que evidencia un cambio de discurso condicionado por la evolución del contexto internacional.
Feijóo defiende ahora el “derecho a la neutralidad” de Europa, alineándose con posiciones que ya han empezado a asumir otros líderes del continente. Sin embargo, este giro contrasta con sus declaraciones anteriores, en las que llegó a felicitar los ataques y la eliminación del líder supremo iraní, Alí Jamenei. La rectificación, lejos de presentarse como tal, ha sido acompañada por la afirmación de que su postura “ha sido conocida desde el primer instante”.
El cambio de tono se produce además en un contexto en el que figuras como Emmanuel Macron o Giorgia Meloni han optado por posiciones más prudentes respecto a la escalada bélica, mientras que incluso el canciller alemán, Friedrich Merz, ha expresado reservas ante la falta de consulta por parte de Washington.
Pese a este aparente acercamiento a una postura más moderada, Feijóo ha intensificado sus críticas al Gobierno de Pedro Sánchez, al que acusa de aislar a España en el seno de la Unión Europea. El líder popular ha cuestionado la negativa del Ejecutivo a permitir el uso de bases españolas para operaciones militares, una decisión que posteriormente han replicado otros países europeos.
El aspecto más controvertido de su intervención ha sido, no obstante, el uso del debate migratorio en relación con la seguridad. Feijóo ha vinculado de forma directa la regularización de personas migrantes con un posible incremento del riesgo terrorista, una asociación que carece de respaldo en la normativa europea y que ha sido ampliamente cuestionada por expertos y organizaciones sociales.
Además, ha rechazado abiertamente la regularización que en España cuenta con el apoyo de amplios sectores, incluida la Iglesia católica, y que su propio partido había respaldado previamente en el Congreso. Este cambio de posición se interpreta como un intento de competir con el discurso de la extrema derecha, en particular de Vox, en un terreno donde el miedo y la desinformación han sido herramientas recurrentes.
La estrategia de Feijóo evidencia una doble línea: moderación tardía en política exterior y endurecimiento del discurso interno, especialmente en materia migratoria. Frente a ello, la defensa de la regularización se sostiene en criterios de derechos humanos, integración social y seguridad jurídica, alejados de narrativas que criminalizan a las personas migrantes y las convierten en chivo expiatorio de conflictos internacionales.
En este escenario, el líder del PP busca reposicionarse en Europa mientras refuerza un discurso interno que, lejos de aportar soluciones, contribuye a polarizar el debate público en España.








