La decisión de integrarnos en la organización atlántica se tomó en un referéndum en 1986 y, casi cuarenta años después, una generación entera no ha podido pronunciarse sobre esta cuestión.
A principios de febrero, la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, realizó declaraciones a medios en los que pedía reabrir el debate sobre la no proliferación de armas nucleares. El motivo esgrimido es la supuesta necesidad de recuperar la disuasión nuclear como una herramienta de la diplomacia europea para responder a la amenaza de Rusia, así como reforzar el poder armamentístico europeo en un momento de reducción de la presencia militar de los Estados Unidos en Europa. Este anuncio llega además en un momento crítico, el pasado 5 de febrero expiró el tratado New START, el último gran acuerdo de control de armas estratégicas entre Estados Unidos y Rusia. Todo esto supone un nuevo giro estratégico en un momento en el que parece que los consensos sobre los que se había basado el proyecto europeo en torno al respeto de los derechos humanos continúan disolviéndose.
Ante este paisaje, nuestro país no puede seguir obviando la necesidad de reabrir el debate sobre la pertenencia a la OTAN. La decisión de integrarnos en la organización atlántica se tomó en un referéndum en 1986 y, casi cuarenta años después, una generación entera no ha podido pronunciarse sobre esta cuestión. Mientras tanto, la sociedad española ha asistido a profundas transformaciones globales que bien pueden hacer reconsiderar nuestra presencia en la organización militar: desde el fin de la guerra fría hasta las amenazas de Donald Trump de anexionarse, “por las buenas o por las malas”, Groenlandia, pasando por los atentados del 11M, directamente vinculados a la participación de España en la guerra de Iraq.
Las bases de Rota y Morón se han consolidado como infraestructuras clave para despliegues y tránsito militar, por ejemplo, con destino a Israel
La lógica de bloques y el rearme acelerado empujan a los aliados a asumir más costes y más riesgos,
Fuente: Mundo Obrero






