Irán promete represalias tras un bombardeo atribuido a Israel y Estados Unidos que sacude el mayor yacimiento de gas del mundo y eleva los precios del petróleo y el gas
Un ataque conjunto atribuido a Israel y Estados Unidos ha golpeado este miércoles instalaciones de gas en la Zona Económica Especial de Energía de Pars Sur, en la costa sur de Irán, elevando de forma abrupta la tensión en el golfo Pérsico y abriendo la puerta a una escalada con consecuencias globales en los mercados energéticos.
Según medios estatales iraníes, el proyectil impactó en una de las unidades de refinado del complejo, considerado el mayor yacimiento de gas del mundo. El enclave, situado en Asaluyeh, es clave para las exportaciones energéticas del país. Equipos de emergencia y bomberos lograron contener los incendios “lo más rápidamente posible”, de acuerdo con autoridades locales, sin que se hayan registrado víctimas.
La Compañía Nacional Iraní de Gas confirmó daños parciales en las instalaciones, pero aseguró que tanto la producción como la red de suministro se mantienen estables. “Las fuerzas están plenamente presentes en la región y gestionando la situación”, indicó en un comunicado.
Fuentes israelíes citadas por medios internacionales señalan que el ataque habría sido coordinado con la Administración del expresidente Donald Trump, lo que refuerza la dimensión internacional de la ofensiva. Hasta ahora, tanto Washington como Tel Aviv habían evitado golpear infraestructuras energéticas iraníes, pero esa línea roja también se ha sobrepasado.
La reacción de Teherán no se ha hecho esperar. La Guardia Revolucionaria ha advertido de represalias y ha instado a países del Golfo como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Qatar a evacuar instalaciones energéticas ante posibles ataques. El Ejército iraní ha calificado el bombardeo de “crimen de guerra” y ha asegurado que “no quedará impune”, sugiriendo un cambio de estrategia hacia una “guerra económica a gran escala”.
Las primeras consecuencias ya se han dejado sentir. Los precios del gas natural en el mercado TTF neerlandés y del crudo Brent han registrado fuertes subidas tras conocerse el ataque, reflejando el temor a interrupciones en el suministro. Analistas advierten de que la ofensiva podría marcar un punto de inflexión en el conflicto, ampliando los objetivos militares hacia infraestructuras energéticas clave.
El ataque también ha provocado una oleada de condenas en la región. Qatar, que comparte con Irán el yacimiento —conocido en su territorio como North Field—, calificó la acción de “peligrosa e irresponsable” y alertó de su impacto sobre la seguridad energética mundial. Emiratos Árabes Unidos expresó en términos similares su preocupación por una escalada que, además de afectar al suministro, podría tener graves consecuencias medioambientales y para la población civil.
En paralelo, la inestabilidad ya afecta a terceros países. Irak ha perdido 3.100 megavatios de capacidad eléctrica tras la interrupción total de las importaciones de gas iraní, fundamentales para su generación energética. Aunque el suministro se mantiene en Bagdad, las autoridades reconocen el riesgo de un colapso en la red si la situación se prolonga.
Horas después del ataque inicial, varios países del Golfo informaron de incidentes relacionados. Arabia Saudí aseguró haber interceptado cuatro misiles balísticos dirigidos a Riad, además de un dron que se aproximaba a una instalación gasística. Por su parte, Qatar reportó un incendio en Ras Laffan, sede de una de las mayores plantas de gas natural licuado del mundo, en un episodio que medios internacionales vinculan a represalias iraníes.
El cruce de ataques y amenazas confirma un cambio cualitativo en el conflicto. Lo que comenzó como enfrentamientos limitados amenaza ahora con convertirse en una guerra de desgaste económico centrada en la energía, con efectos directos sobre la estabilidad regional y la vida de millones de personas.








