Sostener que se puede llegar al marxismo-leninismo desde José Martí no implica convertirlo en lo que no fue, sino comprender la proyección histórica y política de su pensamiento. Martí no fue un militante comunista, pero su ética revolucionaria, su defensa de los oprimidos y su antiimperialismo radical conducen de manera lógica hacia el marxismo-leninismo como desarrollo posterior.
Martí concibió la política como un acto moral al servicio de los humildes. Cuando afirmó que quería “echar su suerte con los pobres de la tierra”, dejó clara una toma de partido que iba más allá del reformismo. Para él, la república no podía ser el predominio de una clase sobre otra, sino un proyecto de justicia social real. Esa concepción conecta directamente con el núcleo del pensamiento marxista: la lucha contra la explotación y la desigualdad estructural.
Aunque Martí no elaboró una teoría económica, su análisis del capitalismo fue agudo. En sus textos sobre los Estados Unidos denunció la concentración de la riqueza, el poder de los monopolios y la degradación del trabajador. Reconoció en Karl Marx a un pensador que se había puesto del lado de los oprimidos, aun señalando los límites históricos de ciertas experiencias socialistas de su tiempo. Su postura no fue de rechazo, sino de evaluación crítica desde un humanismo profundamente comprometido.
El antiimperialismo es el puente más sólido entre Martí y el marxismo-leninismo. Martí comprendió que la independencia de Cuba tenía un sentido continental y universal: impedir la expansión del imperialismo estadounidense sobre los pueblos de América. Esa intuición sería desarrollada más tarde por Vladimir Lenin, quien explicó el imperialismo como una fase del capitalismo y planteó la necesidad de enfrentarlo mediante una organización política consciente.
El marxismo-leninismo aporta, así, lo que Martí no pudo desarrollar plenamente por razones históricas: una teoría del Estado, del poder y de la organización revolucionaria. Lejos de negar a Martí, lo continúa y lo profundiza, ofreciendo las herramientas necesarias para llevar a la práctica su ideal de una sociedad justa, soberana y verdaderamente libre.
Martí no es un punto final, sino un punto de partida. Desde su pensamiento, sí se puede llegar al marxismo-leninismo como continuidad ética, política y revolucionaria en la lucha por la emancipación humana.






