Ni vasallos de la guerra, ni moneda de cambio de los imperios: Dignidad para nuestro pueblo
Puede parecer que lo que ocurre en los despachos de la Casa Blanca está muy lejos de Munera. Pero cuando Donald Trump amenaza con romper relaciones comerciales con Europa, impone aranceles sobre nuestros productos agrícolas y exige que los países europeos destinen cifras obscenas de su riqueza nacional al gasto militar, la presión llega directamente a nuestras calles, a nuestras tierras y a nuestras familias.
En este marzo de 2026, el escenario internacional ha alcanzado un punto de ruptura que ya no podemos ignorar desde ningún pueblo de España. La Administración Trump trata a la Unión Europea como una pieza en un tablero de ajedrez geopolítico: le ordena cuánto gastar en armas, a quién comprarle el gas y a qué velocidad debe arrodillarse. La UE, en lugar de responder con la dignidad de un proyecto político soberano, se ha apresurado a negociar sus cesiones como si la sumisión fuera una virtud diplomática.
Desde Izquierda Unida lo decimos sin ambigüedad: esto es un chantaje. Y ante el chantaje, la respuesta no puede ser la claudicación. Cada euro adicional destinado a armamento, bajo presión extranjera y sin debate democrático real, es un euro que se sustrae a nuestra sanidad pública, a las escuelas rurales de la Mancha, a las residencias de mayores y al bienestar de los más de 3.400 vecinos y vecinas de Munera. No es una metáfora: es una elección política concreta con consecuencias concretas.
El gasto militar en Europa ha aumentado de forma sostenida desde 2022. Alemania aprobó en 2024 un fondo especial de 100.000 millones de euros para defensa; Francia ha elevado su presupuesto militar a niveles históricos. Y ahora se presiona para ir mucho más lejos, no por una amenaza real y evaluada con rigor, sino por las exigencias de una administración norteamericana que mezcla la lógica comercial con la intimidación geopolítica. Eso no es alianza: es dependencia.
El Gobierno de España ha mostrado, al menos retóricamente, resistencia ante las presiones más agresivas. Es un gesto que merece reconocimiento, pero que no es suficiente. Mientras las bases de Rota y Morón sigan siendo plataformas logísticas para operaciones militares en las que España no tiene ni voto ni voz, nuestra soberanía seguirá siendo parcial. La paz no se garantiza acumulando arsenales ni complaciendo a quien amenaza con sanciones: se construye con política exterior independiente, con diplomacia activa y con el respeto al derecho internacional.
Pero hay algo que nos duele de manera particular aquí, en la comarca. Trump no solo amenaza con presupuestos de guerra: amenaza con aranceles. Y los aranceles no son cifras abstractas. Son el precio al que se vende nuestra uva, nuestro cereal, nuestro aceite. Es una hipocresía intolerable que, mientras se nos exige contribuir a una política de seguridad dictada desde Washington, se castigue económicamente a nuestros agricultores si Europa no se pliega con suficiente rapidez.
En Munera, el campo no es un sector económico más: es la columna vertebral de nuestra identidad y nuestra subsistencia. Nuestros agricultores ya afrontan en solitario la sequía estructural, el encarecimiento de los costes energéticos y de los insumos, la competencia desleal de terceros países y la volatilidad de los mercados. Que encima tengan que pagar el precio de las disputas entre potencias es sencillamente inaceptable. No son números en una hoja de cálculo de Bruselas o Washington: son personas, familias, generaciones.
Frente al «América Primero» de Trump, nosotros levantamos la bandera de una política que ponga primero a la gente de nuestros pueblos. Una política agraria europea que proteja al productor, no que lo sacrifique en la mesa de negociaciones. Una política de seguridad que no confunda la independencia con el aislamiento, ni la paz con la sumisión. Una Europa que no se defina por cuántos misiles acumula, sino por la calidad de vida que garantiza a sus ciudadanos.
No somos ingenuos: el mundo está lleno de tensiones reales, de conflictos que exigen respuesta. Pero la respuesta no puede ser siempre más armamento, más dependencia y menos debate. Puede y debe ser más diplomacia, más multilateralismo, más inversión en los servicios que hacen que vivir en un pueblo como Munera sea digno y sostenible.
Ni vasallos de la OTAN, ni esclavos de sus aranceles. Primero la gente de nuestros pueblos. Por una Europa de la paz, de los trabajadores del campo, y no de los mercaderes de la guerra.








