Una reciente investigación en Grenoble (Francia) rescató del anonimato a 56 españoles (45 niños) fallecidos en 1939. Tras 80 años en una fosa de La Tronche (Francia), sus nombres salen finalmente a la luz.
Federico Teodoro Schmidt Castillo, un bebé de tan solo ocho meses natural de Almansa (Albacete), es uno de los nombres que encabeza el rescate histórico de las víctimas españolas recientemente identificadas en Francia. Su identidad es una de las 56 que han salido a la luz tras permanecer más de 80 años en el anonimato, enterradas en una fosa común en el cementerio de La Tronche. Este hallazgo es el resultado de la investigación de Léa Barril, quien ha trabajado para identificar a los refugiados que fallecieron por la precariedad extrema en el campo de concentración de Grenoble entre febrero y julio de 1939.
Junto al pequeño albaceteño, la lista incluye a otras dos personas de la región: Montserrat Buhigas del Puech, de 10 meses y originaria de Guadalajara, y Petra Martín del Olmo, una joven de 20 años natural de Huecas (Toledo). Sus vidas se truncaron en apenas seis meses debido al hacinamiento extremo, el hambre y el frío que sufrieron los 2.550 retenidos en Grenoble. La falta total de higiene en el campo propició la propagación de enfermedades como la sarna y los piojos, condiciones que resultaron fatales para los más vulnerables, especialmente para los 45 niños que figuran en el censo de fallecidos.
La situación de estos exiliados se enmarca en el fenómeno de «la Francia de los campos», un periodo entre 1938 y 1946 en el que cerca de 600.000 personas que huyeron del fascismo fueron internadas en casi 200 campos, al ser consideradas un «peligro potencial» para el Estado. Tras la caída de Barcelona en 1939, unos 465.000 republicanos cruzaron los Pirineos encontrando un trato hostil por parte de unas autoridades francesas que solo estaban preparadas para acoger a 6.000 personas. En campos como Argelès-sur-Mer o Gurs, los refugiados malvivieron en playas a la intemperie, durmiendo en agujeros cavados en la arena y bebiendo agua de mar filtrada, sufriendo a menudo un trato cruel y vejatorio.
El trabajo de identificación realizado por Barril, mediante el cotejo de registros de defunción y la «hispanización» de apellidos, ha permitido que estos restos dejen de ser una «memoria disuelta en una tierra común». Tras décadas en las que sus restos fueron exhumados y trasladados al osario de forma anónima, hoy existe una lápida en su memoria que busca otorgar un cierre a las familias. Con este reconocimiento, nombres como los de Federico, Montserrat, Petra y otros 53 españoles recuperan su lugar en la historia, evitando que su sacrificio en el exilio caiga de nuevo en el olvido.








