Lo que el Ayuntamiento de Albacete presenta ahora como un logro de gobierno tiene nombre y apellidos: es una propuesta de Unidas Podemos. La remodelación de los Ejidos de la Feria, ese espacio emblemático entre la calle Feria y Arquitecto Julio Carrilero, no nació en un despacho municipal ni en una nota de prensa. Nació en las demandas de vecinos y vecinas hartas de sortear socavones, desniveles y parches sobre parches en un suelo que hacía imposible el tránsito a quienes más lo necesitan: personas con silla de ruedas, con movilidad reducida, con discapacidad visual.
Fue en el pleno de octubre de 2021 cuando el Grupo Municipal Unidas Podemos presentó la moción que exigía la adecuación integral del espacio: renovación completa del pavimento, protección de la arboleda e instalación de mobiliario que respetara los distintos usos del lugar. Una propuesta concreta, respaldada por la ciudadanía y por entidades del movimiento por la discapacidad, que el gobierno municipal guardó durante años en un cajón.
Hoy, con la primera fase ya finalizada —más de 6.000 metros cuadrados renovados de los casi 20.000 previstos—, el Ayuntamiento anuncia fases de obra, sistemas de drenaje y protección del arbolado como si la iniciativa hubiera partido de ellos. Falta lo más elemental: reconocer de dónde viene esta actuación.
La accesibilidad universal no es un favor que los gobiernos conceden cuando les conviene. Es una obligación legal y ética. Que haya tardado años en llegar a los Ejidos dice mucho sobre qué prioridades han gobernado Albacete —y dice aún más que haya sido necesaria la presión desde la izquierda para que se moviera algo.
Unidas Podemos no da por cerrado este asunto. Vigilará que la remodelación se complete en su totalidad y que el resultado sea una explanada verdaderamente inclusiva, sin nuevos obstáculos, pensada para la Feria, el mercadillo y el día a día de quienes más apoyo necesitan. Porque una ciudad que no se puede pisar sin miedo no es una ciudad justa. Y Albacete merece mucho más que propaganda de obra








