No se puede hablar de paz mientras el imperialismo yankee y el Estado sionista terrorista y genocida de Israel bombardeen escuelas y asesinen niños.
No se puede hablar de paz mientras hospitales, barrios y ciudades enteras se convierten en objetivos militares.
No se puede hablar de paz en un mundo donde millones de personas siguen siendo analfabetas.
No se puede hablar de paz cuando millones de seres humanos padecen hambre.
No se puede hablar de paz cuando millones de niños son explotados sexual y laboralmente.
No se puede hablar de paz cuando millones de personas no tienen acceso a agua potable o a un sistema de salud básico.
No se puede hablar de paz cuando millones mueren por enfermedades perfectamente prevenibles.
La paz no es solo la ausencia de bombas.
La paz también es justicia, dignidad y condiciones mínimas de vida para los pueblos.
Hoy quienes poseen el mayor poder militar del planeta se presentan como garantes de la paz mientras intervienen, bombardean o desestabilizan países cuando así conviene a sus intereses geopolíticos.
De paz hablaban cundo Estados Unidos e Isarael lanzaron un cobarde y traicionero ataque que asesinó a varias decenas de niñas y al líder supremo del Estado islámico de Irán. Los Estado Unidos y su perro faldero (Isarel) solo entiende de violencia y de leguaje amenazante, han creado una escalada militar sin precedentes, por lo que hablar de paz en estas condiciones puede terminar siendo simplemente una pausa estratégica para reorganizar fuerzas, rearmarse y consolidar posiciones.
Los hechos han demostrado trágicamente, como dijera el Ché, que “no se puede confiar en el imperialismo ni tantico así”.
La historia demuestra que la verdadera paz no nace de la imposición militar ni del dominio de unas potencias sobre otras.
La verdadera paz solo puede surgir cuando se respetan los derechos de los pueblos, cuando se detenga la violencia contra civiles y cuando la comunidad internacional ponga la vida humana por encima de los intereses geopolíticos.
Hoy creo firmemente que el Estado islámico de Irán no puede hacer alto al fuego bajo ninguna circunstancia. Solo la derrota del Estado terrorista y genocida de Israel y la retirada incondicional del ejército norteamericano podrían abrir el camino hacia una verdadera paz.
La guerra de hoy tendrá que ser la paz del mañana. Pero una paz a medias no es paz.
Paz con condiciones no es paz.
Paz impuesta a punta de cañones no es paz.
Y una paz basada en confiar en la palabra de quienes han violado acuerdos, han bombardeado pueblos y destruido naciones siempre termina convirtiéndose en una nueva guerra.
Hoy más que nunca urge la movilización de los pueblos del mundo. Los pueblos tienen que alzar su voz, aislar políticamente a Estados Unidos e Israel y exigir el fin de las agresiones y del dominio militar que durante décadas han impuesto sobre tantas regiones del planeta.
España debe salir de la OTAN y dejar de satanizar al Estado Islámico de Irán, reconociendo su derecho a la soberanía, a la autodeterminación y condenar la vil, traicionera y genocida agresión imperialista.
Y para quienes durante décadas han sembrado guerra, destrucción y muerte, la historia siempre recuerda una verdad que termina imponiéndose:
“El que a hierro mata, a hierro muere”.








