Hace ya cuatro décadas, el 12 de marzo de 1986, España se enfrentó a un referéndum que marcó su historia bajo fuertes presiones políticas y mediáticas. Mientras el Estado era empujado a integrarse en la maquinaria de guerra de la Alianza Atlántica, en la provincia de Albacete los pueblos de Madrigueras y Villamalea se alzaron como referentes de dignidad pacifista. Estos municipios rechazaron de forma contundente una organización que sirve para reforzar las ambiciones imperialistas de Estados Unidos y los privilegios de las élites, convirtiendo a España en un país intervenido y «cabeza de puente» para los intereses estratégicos de Washington.
Los resultados en estas localidades desafiaron la tendencia mayoritaria. En Madrigueras, con una alta participación del 78,90%, el «No» obtuvo un rotundo 63,8%. Villamalea registró una respuesta similar con un 61,5% de votos en contra y un 68,30% de participación. Estas cifras contrastan radicalmente con el resultado a nivel estatal, donde el «No» se quedó en el 43,15% (6.872.421 votos), y con la provincia de Albacete, donde el rechazo fue solo del 28,98% (44.208 votos) frente al 60,67% (92.538 votos) que votó a favor. La movilización ciudadana en estos municipios fue muy superior a la media, superando con creces la participación registrada tanto en la provincia (58,32%) como en el conjunto del Estado (59,42%). Este posicionamiento fue el reflejo de la histórica y robusta presencia del PCE e IU en ambos municipios, organizaciones que actuaron como el principal motor político de la movilización social contra la OTAN y que defendieron una alternativa de paz.
La victoria del «Sí» se cimentó sobre una pregunta que condicionaba la permanencia a tres cláusulas fundamentales: la no integración en la estructura militar, la prohibición de armas nucleares y la reducción de la presencia militar estadounidense. Sin embargo, 40 años después, estas condiciones han sido sistemáticamente incumplidas. España se integró plenamente en la estructura militar y las bases de Rota y Morón, lejos de reducirse, se han consolidado como infraestructuras clave para los despliegues imperiales y el tránsito de tropas hacia conflictos externos, vulnerando la soberanía nacional.
En la actualidad, la OTAN es una maquinaria para qué EE.UU. se apropie de presupuestos públicos ajenos para alimentar su industria armamentística, exigiendo gastos de hasta el 5% del PIB que restan recursos a la sanidad y la educación. Este modelo de militarismo destructivo, liderado por un país que agrede continuamente. Este modelo de vasallaje cuenta con el servilismo de una Unión Europea que, forma parte del mismo lote imperialista, y sitúa a España como vasallo de una estrategia bélica global.
Tras 40 años, en Madrigueras y Villamalea siguen siendo un ejemplo en la construcción de un mundo mejor, luchando contra el imperialismo como han demostrado recientemente con sus movilizaciones contra el racismo o en solidaridad con Palestina.






