Hablamos con Carlos, natural de Valdeganga, que trabaja como profesor en un instituto en Madrid y que ha participado en la acampada en la Puerta del Sol y la huelga educativa.
¿Cómo ha acabado un valdeanguero acampando en la Puerta del Sol?
Vine a Madrid desde mi pueblo buscando trabajo y un proyecto de vida, como tantos miles de jóvenes que dejamos las zonas rurales pensando que en la capital están las oportunidades. Pero al llegar te topas de frente con una pared. Después de años currando en la empresa privada, con sueldos mileuristas y viendo cómo la mayor parte del salario se evapora en pagar una habitación ridícula, te das cuenta de que la ciudad, con esta estructura económica, te engulle.
He de decir que, mi caso, como el de muchas otras personas que acampan en sol, es especial y ‘’afortunado’’: permanecí en esa situación durante sólo dos años, hasta que, gracias a la ayuda de mis padres, pude acceder a una vivienda propia, pero de míseras condiciones, hipoteca interminable y compartida con otra persona, a la que cobro un alquiler razonable, un dinero extra sin el que me sería imposible hacer frente a los gastos del día a día en la ciudad de Madrid, creedme, sin permitirme lujo alguno ni ahorrar un céntimo, es decir, no hago ningún negocio con mi vivienda. En cualquier caso, no se me olvida, como al resto de personas sensibles que también gozan de un techo propio -minoría- y participan en este movimiento que, sin la ayuda familiar, jamás hubiéramos llegado a nada, para que se me entienda: sólo los impuestos de compra suponen mi salario bruto de todo un año, ¡y soy funcionario! ¿Quién podría conseguir, por méritos propios, la suma de estos y el porcentaje de entrada requeridos?
La acampada en la Puerta del Sol surgió de esa misma frustración compartida, consistiendo en un movimiento que exige un techo digno para todos, independiente de su profesión, país de origen o familia de la que procedas. Está siendo de las mejores experiencias de mi vida: por mucho que se empeñen en decir (que no demostrar, no pueden) lo contrario, esta ‘’micrópolis’’ es una fantasía. Puedes dejar tus objetos personales (móvil, cartera) desatendidos, todo se comparte, las tiendas de campaña se ofrecen a desconocidos que cogen relevo cuando sus dueños se ausentan alguna noche (no olvidemos que todos trabajamos y tenemos nuestras obligaciones), la comida, aportada por acampantes y personas que se acercan a donarla, es gratuita, la Plaza de Sol se mantiene impoluta, no hay altercados… se respira un ambiente increíble de comunidad, igualdad y compromiso que, no me cabe duda, tendrá sus resultados.
¿Es tan dramática la situación del alquiler en Madrid?
Es asfixiante, no hay otra palabra para describirlo. Hoy en día te piden 500 o 600 euros por una habitación pequeña en pisos compartidos con cuatro o cinco personas en la periferia, o más de 1.000 euros por un estudio minúsculo. Además, las exigencias de las inmobiliarias y propietarios son surrealistas: fianzas abusivas, contratos temporales en fraude de ley, avales bancarios o demostrar nóminas que tripliquen la renta. Al final, más del 50% del sueldo se va destinado únicamente a tener un techo, dejándote sin margen de ahorro ni capacidad para desarrollar un plan de vida mínimo.
¿Has participado en las asambleas y manifestaciones? ¿Qué es lo que pide tanta gente?
Sí, desde que empecé la universidad en Valencia. Es muy enriquecedor ver a cientos de personas de todas las edades y nacionalidades organizarse de forma horizontal, lo que demuestra la dimensión del problema.
Lo que pide tanta gente no es ningún privilegio, sino un derecho fundamental recogido en la Constitución. Las exigencias principales se centran en la intervención y tope a los precios del alquiler para frenar la especulación, la paralización inmediata de los desahucios sin alternativa habitacional, la regularización severa de los pisos turísticos que expulsan a los vecinos de los barrios y el aumento del parque público de vivienda, que en Madrid sigue en niveles mínimos si se compara con otras capitales europeas.
¿Cómo es la situación de la educación en Madrid? ¿Por qué hay una huelga indefinida? ¿Cuáles son las reivindicaciones de esta huelga?
Soy profesor, sé de lo que hablo: la educación pública madrileña arrastra un deterioro progresivo preocupante debido a años de reducción presupuestaria y a un modelo que favorece abiertamente la privatización.
El profesorado se ha visto abocado a la huelga indefinida porque la situación en las aulas se ha vuelto insostenible para docentes, familias y alumnado. No es una medida que hayan tomado a la ligera, sino la respuesta tras agotar todas las vías de diálogo sin obtener compromisos reales. Las principales reivindicaciones de la comunidad educativa son la reducción de las ratios de alumnos por aula para poder ofrecer una atención personalizada y de calidad, la bajada del horario lectivo del profesorado, igualándolo al de otras comunidades autónomas para poder preparar bien las clases, la inversión urgente en infraestructuras y recursos, solucionando los problemas en centros antiguos y construyendo nuevos colegios e institutos públicos y la equiparación salarial y mejora de las condiciones laborales, reduciendo la elevada tasa de interinidad y la sobrecarga burocrática del colectivo: cobramos, en la capital, mucho menos dinero que en cualquier pueblo (y ciudad) de cualquier otra comunidad autónoma. La vida, de esta forma, es inasumible.








