En el Pleno del pasado martes, el grupo municipal Unidas Podemos, donde está integrada Izquierda Unida, votó en contra de la ordenanza de Zona de Bajas Emisiones (ZBE) aprobada en Albacete al considerar que es una medida “de papel” que no cambia el modelo de movilidad y que se queda muy lejos de referentes como Pontevedra, ciudad que ha demostrado que reducir el tráfico y priorizar a peatones y transporte público salva vidas, baja emisiones y reactiva el comercio local. El grupo municipal defiende una ZBE ambiciosa, feminista y socialmente justa, que priorice la salud y el derecho a moverse de la mayoría social frente al privilegio del coche privado.
La ordenanza aprobada en el Pleno cumple formalmente con la obligación estatal de implantar una ZBE, pero lo hace con un diseño tan laxo que permite que la inmensa mayoría de los vehículos sigan entrando al centro sin restricciones reales.
El propio equipo de gobierno del Partido Popular ha dejado claro que su objetivo es garantizar que “ningún albaceteño vea limitada su circulación”, apoyándose en que los informes municipales califican la calidad del aire como “buena” en términos legales. Unidas Podemos denuncia que se está utilizando ese diagnóstico como excusa para una ZBE de mínimos, cuando el Real Decreto 1052/2022 exige restringir de manera efectiva el tráfico rodado y fijar objetivos cuantificados de mejora del aire, del ruido y de reducción de emisiones.
El texto se queda en una operación administrativa para “cubrir el expediente” ante el Estado y la Unión Europea, sin aprovechar la oportunidad de transformar el modelo de ciudad hacia uno más saludable, seguro y justo. La normativa estatal marca que las excepciones a las restricciones deben ser “debidamente justificadas”, mientras que en la ordenanza de Albacete se abre un auténtico catálogo de casos especiales que vacían de contenido la prohibición a los vehículos sin distintivo.
También critica que la ZBE aprobada no va acompañada de un plan de choque en transporte público urbano ni de una estrategia fuerte de movilidad activa. La memoria del nuevo servicio de autobús recoge algunas mejoras, pero consolida la gestión privada, deja abiertos elementos clave como el bus nocturno o el servicio a pedanías y no garantiza frecuencias y recorridos suficientes hacia polígonos, campus universitario o centros de formación profesional.
Desde una mirada feminista y de clase la ZBE debe priorizar a quienes más sufren la contaminación y las malas conexiones: barrios obreros, personas con menos renta, infancia, mayores y trabajadoras de cuidados que necesitan una ciudad de proximidad y un transporte público robusto para llegar a tiempo a trabajar, estudiar o cuidar. El Real Decreto obliga a analizar el impacto social, de género y en discapacidad, pero la ordenanza no demuestra que se haya hecho ese trabajo a fondo ni que se hayan puesto en el centro a los colectivos más vulnerables.
Frente a esta ZBE de mínimos, desde Izquierda Unida se señala a Pontevedra como el espejo en el que debería mirarse Albacete. La ciudad gallega lleva casi 25 años reduciendo el protagonismo del coche y recuperando espacio público para la gente, con una jerarquía clara: primero el peatón, después la bicicleta, luego el transporte público y, en último lugar, el coche privado.
En Pontevedra dos de cada tres desplazamientos se hacen caminando, gracias a calles pacificadas, aceras anchas, pasos elevados, límites de velocidad de 30 km/h, restricción del paso de todos los vehículos menos los necesarios a la ZBE y aparcamientos gratuitos en la periferia para dejar el coche y acceder al centro a pie. Ese modelo ha dinamizado el comercio local, ha hecho la ciudad más amable para niñas y niños, personas mayores y quienes se desplazan con carros, sillas de ruedas o bicicletas, y se ha convertido en referencia internacional de movilidad sostenible.
En este sentido IU defiende que Albacete tiene condiciones ideales para avanzar hacia un modelo similar: ciudad compacta, llana y universitaria, donde se puede apostar por la ciudad de los 15 minutos, con barrios vivos, caminos escolares seguros y una red ciclista segregada que reste espacio al coche y lo entregue a la vida cotidiana. Para ello, la ZBE no puede ser un simple perímetro con cámaras, sino una palanca para redistribuir el espacio público y cambiar el reparto modal a favor de la movilidad peatonal, la bici y el transporte público.
La ordenanza aprobada mantiene el coche en el centro del modelo de ciudad y pierde una oportunidad histórica para avanzar en salud, justicia social e igualdad. Sin embargo, desde el grupo municipal Unidas Podemos, del que es la portavoz, se tiende la mano al equipo de gobierno para una negociación real que sirva para rediseñar la ZBE y convertirla en un verdadero territorio de bajas emisiones, que ponga la vida, los cuidados y el derecho a la movilidad por delante de los intereses de unos pocos.
Izquierda Unida seguirá trabajando con rigor técnico y propuestas concretas para que Albacete deje atrás “la ZBE de papel” y se atreva, como hizo Pontevedra, a construir una ciudad más habitable, segura e igualitaria, donde moverse sin coche sea la opción fácil, cómoda y barata para la mayoría social






